Jonathan Torgovnik
Just a reminder:
The Foundation Rwanda “Evening of Food and Fotos” rock photography benefit auction is coming up tomorrow, April 4. More information about the event is available here.
Mesi Bridge, Albania (by David&Bonnie)
“Así, mientras el aeroplano perforaba la bóveda del cielo al mismo tiempo que infringía las barreras espacio-temporales, modificando el concepto de fronteras nacionales, los cubistas hacían estallar el objeto, multiplicando sus perspectivas y analizando suexistencia temporal en un espacio tendente a sobrepasar su congénita naturaleza estática, anulando la convencional jerarquía entre primer plano y fondo. Y ¿cómo referirse a la utilización, por parte de Le Corbusier, de la notoria promenade architecturale en sus villas de los años veinte, si no remitiéndose a la voluntad de experimentar una original interacción espacio-temporal en el interior de un enclave arquitectónico?”
Extracto de “Arte y Arquitectura Moderna. 1831-1933.” Antonio Pizza.
grel:
UNA HISTORIA PARA “COMPARTIR”
“La gente no entiende cómo un hombre con una pinta tan miserable puede ser culto” - Joel Chirinos, artista conceptual y jardinero
Texto y Fotos: Eduardo Fuenmayor
En la Plaza Los Palos Grandes, Joel Enrique Chirinos pasa los días esperando una buena conversación, algún buen amigo y, si hay suerte, una buena comida. Con sus lentes de plástico azul, su atuendo desgastado pero impecable y su inseparable perro Imán Emanuel, la pareja ya es parte del paisaje urbano de Chacao. Nacido en Caracas el 14 de febrero de 1948, Joel ha vivido muchas vidas y ha perdido otras tantas gracias a un coctel de decisiones equivocadas, violentos infortunios y una terrible manía de aprender muy tarde, un error que, asegura, se paga muy caro. Ha habitado la mayor parte de su vida en Petare, donde fue criado por su madre, “una mujer extraordinaria que leía Herman Hesse”. No obstante, es a las faldas del Ávila, en el Este caraqueño, adonde gusta de ir a soñar.
Su relación con Chacao comienza en los años setenta. A través de la vida hippie trabó amistad con hijos e hijas del stablishment político, cultural y económico de la época. Para entonces, ya se había graduado de jardinero en el INCE y dedicaba buena parte de su tiempo a leer libros de botánica, arte y literatura. Parte de su fama se debía a que conducía un programa de rock en la emisora Crono Radar, en la que durante media hora presentaba lo nuevo del billboard de entonces. “Una vez –cuenta– mi amigo, el cineasta Diego Rísquez, me invita a la casa de un tío suyo en el Country Club, un señor de apellido Iribarren que era o había sido ministro, y estando allí llega la actriz Doris Wells. ¡Qué bella! Todavía la escucho hablar con aquella voz aterciopelada. Me resulta increíble pensar cómo lo mágico maravilloso sucede todos los días para alguna gente y no se dan cuenta de ello”.
Por esos años, vivió un tiempo en Cumbres de Curumo y también en Los Palos Grandes. Pero cuando el futuro parecía sonreír, un confuso asunto relacionado con drogas, en el que fue involucrado y posteriormente absuelto por los tribunales, generó una estampida de amistades y lo confinó, una vez más, a la solemne pobreza de su casa en Petare.
En 2008, decidió volver a Chacao, esta vez como asiduo visitante de sus plazas. “Yo soy pobre de solemnidad, pero cuando decidí volver a Chacao lo hice porque me encontraba en una situación muy deplorable, aislado, terriblemente solo. En Chacao había gente joven, todo estaba limpio, mi perro podía tener amigos. Traía libros para regalar y poder relacionarme con la gente de una forma diferente. Los libros me ayudan a que la gente no me vea como un mendigo, a que pierdan el miedo y se acerquen. Este país está lleno de miedo. En la Plaza Altamira hice un grupo de gente que me aceptaba. Toda esa gente tenía sueños reales: unos querían ser abogados, otros economistas, periodistas, historiadores. Allí volví a nacer.”
En la plaza Altamira instaló su “oficina”, un espacio, explica, como hacían los poetas en el Montparnasse parisino, una especie de peña literaria. “El contacto con los jóvenes me ayudó a entender por qué tenía tantos libros almacenados en mi casa: comencé a regalarlos. Los libros para mí han sido un vaso comunicante: Baudelaire, Allen Ginsberg, Walt Whitman, Poe (el preferido por muchos jóvenes). Todos fueron a parar a manos que los necesitaban. En Altamira nunca vendí un solo libro, todos los regalé. Traje libros de todo tipo: desde Nietzsche hasta Paul Éluard y Ramos Sucre, incluso libros técnicos de economía de reciente publicación que encontraba tirados por ahí y que todavía resultaban útiles. Los muchachos no entendían cómo un hombre con una pinta tan miserable tuviera en sus manos las minas del rey Salmón. Yo regalo porque al dar, recibo. Lo que uno da, siempre vuelve”.
La venezolana es una sociedad terrible, afirma Joel, una sociedad de apariencias, conservadora; una sociedad que mira por el color de la piel pero que no se reconoce como racista. “En estos días, mientras estaba sentado en la plaza de Los Palos Grandes, adonde he instalado mi nueva oficina, un policía se acercó a decirme que no me quería ver más por allí. Había unos jóvenes gritando todo tipo de groserías en la plaza y el policía me botaba a mí, que estaba sentado en un banco con mi perro y una obra de arte que había traído para mostrársela a un amigo”.
Joel afirma que para venir a Chacao tiene que cambiar de atuendo (vestirse lo mejor posible) y mentir sobre su domicilio para evitar que la policía lo moleste. “Una vez me golpearon y luego lanzaron a mi perro por la ventana con la patrulla en marcha. Cuando en la jefatura vieron mi dossier, leyeron que yo era artista y que incluso había participado en una exposición en Chacao; entonces buscaron a mi perro por todo el municipio y me pidieron disculpas. Pero qué disculpas, si ya me habían hecho llorar. Esta es una sociedad terrible, de apariencias, y estos hombres están programados con el mismo chip. Como me dijo aquel policía después de golpearme tanto: ‘El alcalde está contento porque hemos limpiado el municipio de escorias como tú”.
Joel se considera afortunado de haber superado en los años setenta el conflicto racial. En aquella época, afirma, a los negros se les veía como limpiabotas, lavacarros y poco más. Nunca fue un black panther, es decir, un militante por la causa de la negritud, porque “la violencia sólo genera más violencia”. Mucha agua ha corrido desde entonces, pero, en su opinión, es poco lo que ha cambiado en Venezuela en materia de racismo. “Hace un par de años fui a una importante galería de Las Mercedes a ver una exposición de escultores ingleses. Llevé conmigo el recorte del periódico que decía ‘entrada libre’. Me vestí pepito, lo mejor que mi situación me permitía, y al llegar a la puerta no me dejaron entrar. El portero insistió hasta el cansancio que aquél era un evento privado, cuando yo tenía en mis manos el recorte de periódico que decía lo contrario. Al final me fui porque amenazaron con llamar a Polibaruta. Lo que en verdad me dolió no fue que el portero no me dejara entrar, sino que del otro lado de la puerta de vidrio todos aquellos supuestos amigos de la fraternidad de artistas, que me conocían, miraran con indiferencia cómo me negaban la entrada mientras ellos seguían bebiendo tranquilamente su güisqui”.
Joel quisiera dar talleres de arte para los jóvenes de Petare, y no pierde la esperanza de que la Alcaldía de Sucre lo llame algún día para tal fin. Se define como un artista del reciclaje, aunque más por fuerza que por voluntad, pues el dinero no le alcanza ni para comprar colores. “Hago arte conceptual, pero verdaderamente soy dadá”, explica. La jardinería, área que lo apasiona y en la que se desenvuelve como pez en el agua, le dio buenos dividendos durante años, pero un día decidió abandonarla para atender y sufrir (sobre todo esto último) el llamado de su vocación de creador. “Hay que tener una nueva mirada para entender mi arte, por eso me gusta dialogar con los jóvenes. Hay mucha información oculta en mi obra, y cuando el hombre ve el arte está previamente programado. Quiero sorprender al que mira. Ver arte es un trabajo antropológico porque estás siempre leyendo nuevos alfabetos. El Renacimiento tuvo su alfabeto, el Romanticismo otro. Los impresionistas intentaron cambiar el concepto de la belleza, pero lo hicieron con pie de gato, con mucho cuidado. Picasso rompe radicalmente con el concepto de la belleza influenciado por las máscaras africanas, pero quien cambia definitivamente el concepto del arte es Marcel Duchamp: las cosas abandonadas, puestas en un rincón con indiferencia; objetos utilitarios que gritan su presencia, salen del limbo y vuelven a la realidad, existen y se vuelven como dice la canción: forever young”.
La vida le ha enseñado que aprender muy tarde es un error que se paga caro. “Y yo aprendo muy tarde”, concluye riendo sarcásticamente. No obstante, asegura que lo vivido lo ha hecho un hombre mejor. “Soy una persona sensible, como todo artista. Los atropellos me han herido bastante porque al final todo se reduce a que soy negro y pobre. La sociedad ha empujado, pero ha empujado el coche equivocado, y eso solo ha hecho que yo trabaje cada día más y más para mostrarles que se equivocan”.Yo he hablado con este señor… que se la pasa siempre por ahí, en la plaza altamira, el y su perrito corriendo por el obelisco.
(via mcspellitout)





